6/02/2007 6:11 Fernando Pérez Ávila. Diario de Sevilla
n Si se introduce los nombres de estos barrios en el buscador de Google lo primero que aparecen son noticias atrasadas de tiroteos, navajazos, reyertas multitudinarias y operaciones antidroga de la Policía o de la Guardia Civil. Si a algún habitante de la misma población se le pregunta por ellos casi siempre se obtiene la misma respuesta: "Allí no hay que ir para nada, eso es lo peor del pueblo". Son zonas de la provincia que, sin llegar a ser todavía marginales, están experimentando ya los mismos problemas de otros grandes núcleos deprimidos que existen desde hace años en la capital, como las Tres Mil Viviendas, El Vacie o Torreblanca.
Raro es el municipio de la provincia que supera los 30.000 habitantes en el que no hay un barrio de este tipo, aunque se trate sólo de un grupo de calles apartadas a un extremo de la ciudad. Generalmente son zonas que sufren los mismos problemas: desempleo, absentismo escolar, escasa formación laboral de la población activa joven, baja capacidad económica, falta de servicios básicos e iniciativa comercial, analfabetismo funcional, venta y consumo de estupefacientes y tensiones históricas entre familias enfrentadas. Casi siempre, además, se trata de barrios formados por viviendas protegidas destinadas a los estratos sociales más pobres cuyos propietarios primitivos fueron vendiendo a terceros sin control alguno por parte de la Administración.
Son los mismos asuntos que, llevados a su extremo y amparados por la dejadez de las administraciones, llevaron al máximo grado de deterioro a lugares como las 624 viviendas de la barriada de Martínez Montañés, en el Polígono Sur, núcleo conocido con el sobrenombre de Las Vegas
, que ahora pretende reflotarse con inyecciones económicas y con la figura del comisionado.
En la provincia no existe ningún barrio tan deprimido como éste, pero sí son varios los que llevan camino de agravar su situación si nadie lo remedia. Cuanto más grandes son los, más grandes son también sus núcleos marginales. Así, Dos Hermanas y Alcalá de Guadaíra son los municipios que concentran barrios desfavorecidos de cierta extensión. En la localidad nazarena, las zonas más conflictivas se encuentran en el distrito Sur, en las barriadas de Cerro Blanco, Meñaca y Los Puntales. Para la Policía Nacional, el tráfico de drogas se ha reducido de forma considerable en estos puntos desde hace tres años -sólo queda menudeo- para trasladarse a urbanizaciones situadas al otro lado del río Guadalquivir.
En Cerro Blanco, el que más fama tiene, la situación es mejor que la de principios de la década y en parte a ello ha contribuido la existencia de una coordinadora municipal que funciona de forma parecida al Comisionado del Polígono Sur. Sin embargo, los vecinos siguen padeciendo una carencia absoluta de servicios. "No es normal que un vecino de esta zona tenga que ir al centro cada vez que quiera hacer una gestión en el banco. O que sólo haya una farmacia para un área en la que viven aproximadamente 5.000 personas", explica el presidente de la plataforma vecinal de la zona Sur de Dos Hermanas, Cristóbal Terrón.
Parecida es la situación de los dos puntos más deprimidos de Alcalá de Guadaíra: las barriadas de Rabesa y del Castillo. La primera, más grande, fue escenario de una noticia nacional hace tan sólo dos semanas, cuando un hombre mató a su ex mujer a puñaladas en la avenida de Salud Gutiérrez. Está situada en un punto hacia el que se está expandiendo Alcalá y eso puede favorecer en su integración en el resto de la población, ya que se están edificando otras zonas residenciales mucho más dotadas en las cercanías. La construcción de un centro de salud y la futura ubicación de una comisaría de Policía Nacional pueden jugar también un papel decisivo. La barriada del Castillo es mucho más pequeña y también está compuesta por personas de un nivel social medio bajo. Sin embargo, para los responsables de la Policía en Alcalá de Guadaíra resultan mucho más preocupantes las chabolas situadas junto a Torreblanca, que están en término municipal de Alcalá después de que el Ayuntamiento de Sevilla se desentendiera del problema moviendo las chabolas unos metros más hacia el Este, en terrenos alcalareños.
Otro barrio similar es el del Tinte, en Utrera, donde queda un núcleo especialmente conflictivo al que se conoce con el sobrenombre de Alcatraz
. Fue aquí donde el asesinato de una joven a manos de su novio derivó en una tensión entre familias vecinas que persistió durante varias semanas y que de momento permanece latente. Es una zona con los mismos problemas que los anteriores y resulta llamativo ver en ella unas galleras con gallos de pelea en plena calle.
Santa Isabel, en el barrio Alto de San Juan de Aznalfarache; El Pozo, en Coria del Río; El Pantano, en Morón, y la barriada Guadalquivir, en Camas, son otros puntos que sufren los mismos problemas, pero a un nivel mucho más reducido. Son barrios más pequeños y los focos conflictivos se reducen a un par de calles. Distinto es el caso de la barriada de Las Viñas, de Lora, donde el incremento de la población extranjera -sobre todo rumana- ha dado lugar a conflictos.2 los detalles años de abandono
Al igual que ocurre con las Tres Mil Viviendas, la mayoría de estas barriadas han llegado a su actual estado de deterioro tras muchos años de abandono y dejadez de las administraciones. recuperación
Para recuperar el tiempo perdido, los ayuntamientos suelen disponer de trabajadores sociales en la zona y organizar talleres de formación destinados a la población más joven y sin estudios. conflictos
En la mayoría de estos barrios vive gente humilde y trabajadora. La presencia de un pequeño grupo de familias conflictivas desestabiliza la convivencia y hace que crezca la tensión entre los vecinos. la mujer
Son barrios en los que la mayoría de las mujeres están ocupadas en el cuidado de su hogar y al margen de la toma de decisiones en la familia, pese a que en ocasiones son el sostén económico del grupo. familias
Es habitual la presencia de familias completamente desestructuradas, con alguno de sus miembros en la cárcel y sin ningún control sobre los menores y su asistencia a clase. desempleo
En todas estas zonas el paro supera el 40 por ciento de la población activa, según la Diputación. A ello contribuye la nula cualificación profesional y el analfabetismo de los vecinos.